Aquella mañana me despertó el espantoso sonido de mi celular "chinito". Ni si quiera tiene marca. Medio dormido, estiré el brazo y lo llevé hasta mis ojos. Sonreí. Era Mimi, la nana de M. A esa hora de la mañana, esa llamada no significaba otra cosa que mi princesa quería hablar conmigo y le había pedido a su nana que me timbre al móvil.
Devolví la llamada inmediatamente al teléfono de casa, la voz de Eme ingresó por mis oidos como un torrente de vida y se desperdigó por mi cuerpo hasta llegar a mis brazos y piernas con tal fuerza que me obligó a estirarme. La flojera y el sueño salieron de mi cuerpo por mi boca y mi voz, hecho que M evidenció rápidamente
"¿Porqué hablas así, papito?". "Mi amor, es que me estoy estirando... recién me despierto", le expliqué. M tardó unos segundos en volver a hablarme. "¿Eme? ¿Princesa, esta ahí?".
Ya más decidida y sin saberlo yo hasta ese instante, M se lanzó a enfrentarse con una realidad que le duele tanto o más que a mí; pero valiente ella, lo hizo.
Con un inusual énfasis y una entonación muy particular, preguntó: "¿Papito, dónde estás?".
Y yo, torpe y sin capacidad de sospechar siquiera nada, le respondí. "En mi cama, hija, despertándome recién".
"¿En tu camaaaaaa?", remarcó. Entonces eché cuenta que la bella y suspicaz M me había descubierto, a mí y a su madre; pero sobretodo a su nueva realidad. Me quedé mudo, sin saber qué decir. "¿En tu camaaaaaa, papi?", insistió. Casi inconcientemente y tartamudeando, creo que le dije que sí, que estaba en mi cama.
Mientras le respondía, recordé inmediata y fotográficamente la que ahora ya no es mi casa, la disposición de los muebles que hay en ella. Recordé que desde el rincón de la sala donde está el teléfono, a lado de las fotos familiares de la familia que éramos, casi debajo del televisor... Desde ese rincón se puede ver directamente la puerta de la habitación que hasta hace poco compartí con su mamá. Y recordé también que, con solo tener la puerta de esa habitación entreabierta, la cama que M reconocía como mía (y de su mamá, claro está) aparecía completa.
"¿En tu camaaaaaa,-papi?"... insistió Eme. "Esteeee, sí, hija", le respondí al verme ya descubierto. Y M refutó: "Papi, pero si yo estoy viendo tu cama y ahí no estás...".
Nunca en mi vida me he quedado tan paralizado como en ese instante. Creo que algunas lágrimas tuvieron que escapárseme por mis poros pues intenté contenerlas con toda mi fuerza. Mi garganta parecía atragantada con una vaca y mi corazón se hizo chiquito chiquito. Hasta que Eme intentó ayudarme.
"¿Papi?... Papi, no estás en tu cama, no mientas, ah... ¿Papito? ¿No me escuhas?. ¿Papi, estás con gripe? ¿Quieres que te de papel para limpiarte tus mocos?".
Aquél sábado llegué a ver a M horas más tarde, como casi todos los sábados. Desde entonces y desde siempre la amo con todas mis fuerzas; pero sobretodo la respeto con todo mi amor.
Casi casi lloro , los niños son tan tiernos ,y hoy mas que antes se dan cuenta de las cosas a su alrededor pasan . Su dulsura , su candicez , su inocencia , despierta en nosotros los seres que escondemos para el resto del mundo.
ResponderEliminarCuando la veas otra ves dale millones de besos de mi parte a Mika
Es fuerte escuchar algo asi de la personita que mas puedas amar en esta vida, solo tienes que actuar con inteligencia y estar siempre ahi para ella, asi no te vea en tu cama tiene que sentir que siempre estarás ahi y eso no lo dudo hermano, ya sabes mucho amor y dedicacion para la reina
ResponderEliminar