Es raro sentir lo extremadamente contrapuestas que han sido, por un lado, las cosas personales que me ocurrieron la semana que pasó, frente a (por otro lado) mi realidad como ciudadano, como integrante de esta sociedad a veces tan normal y buena; pero a veces tan enferma y cruel.
Hace solo unos días una niña murió violada y estrangulada por su padrastro, quien la dejó con una perforación en el intestino grueso y el páncreas destrozado. Un par de días después, en Cajamarca, tres de los niños más pobres del país mueren envenenados luego de comer la ración que reciben del Pronaa, al parecer mezclada con algún pesticida.
Y el domingo, cuando aún no terminaban de secar las lágrimas en los ojos de los deudos de los casos anteriores, una familia en Lima recibe la noticia de que su hijo, que fue a ver un partido de futbol, ha muerto luego de que su cráneo se destroce en el piso de un estadio porque unos malditos salvajes lo lanzaron desde una altura de más de diez metros por ser hincha del Alianza Lima.
Como bien saben, tengo una hija. Una princesa preciosa a quien protejo y cuido con todas, absolutamente todas mis fuerzas. A quien alimento, a quien le leo cuentos, a quien hago reír. Por quien tuve la previsión de buscar, esperar y lograr estar con una mujer que, sin duda alguna, es una gran, super mamá. Una niña que hizo que dos personas se conviertan en familia, y que dos familias se conviertan en solo una al rededor de ella, y para siempre. Una niña que es el motor y la razón de todo, como seguramente lo han sido esas personitas que ahora están enterradas dejando tras ellos una eterna desolación y desconsuelo en sus padres.
Hasta la semana pasada, les cuento que hablaba con una amiga sobre los riegos que corre M por ser mi hija o hija de su madre. De las malas vibras que puede recibir porque, de hecho, hay gente que odia, detesta, no soporta a sus padres.
Y me quedó la duda, la pregunta suelta y rebotando en mi cerebro sobre la posibilidad de que gente mala o simplemente malintencionada lea este blog, se entere de detalles que pueda usarlos para joder en algún momento, personas que solo quieran satisfacer su morbo de saber qué pasa en la vida ajena (la mía, la de mi hija y la de las personas más cercanas que nos rodeen).
Confieso que no sé como retroceder y prevenir en ese sentido. No sé si pueda evitarlo. No creo que deba dejar de escribir. No creo que deba dejar de publicar, pero sí debo proteger siempre a mi pequeña... y lo haré. Pero ya no usaré su nombre, aunque a muchos les parezca una medida pequeña, inúltil, tonta.
Seguiré contándoles sobre mi experiencia de papá soltero; pero sepan todos, tengan siempre presente que, cada vez que la mencione sin escribir las siete letras de su hermoso nombre, es porque quiero protegerla y así lo haré. En este blog de manera simbólica, pero de todas la maneras en el día a día. Y le pido a Dios me ayude a lograrlo, le ruego que la cubra.
Hago entonces el anuncio, de manera oficial y firme, que a partir de hoy seré el Papá de M. Y le extiendo mis condolencias (si acaso es posible) a todos esos padres que han tenido la inconmensurable desgracia de perder lo que más (lo único) queremos en esta vida.
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ResponderEliminarTodo lo que se haga para cuidarlos es poco...Qué buen texto!! Y tan cierto el final..
ResponderEliminarMery
Y tantos casos horribles, injustos e inhumanos más que se dan y se darán por esas interminables iras, enfermedades mentales y emocionales. Seguirán estando alrededor de todos al igual que un montón de situaciones y sentimientos positivos que son mucho más silenciosos y a la vez mucho más fuertes. Que no te quepa duda que hacer lo mejor, amar hasta que se te salga el corazón!!, basta. M tendrá ahora de niña y luego todo lo que necesita para estar bien! No dejes nunca de escribir, :).
ResponderEliminarTodo por cuidar a la pequeña, esta bien lo que haces, me encanta el blog, muchas bendiciones a ti y a tu familia.
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